La máscara de pestañas de Mercadona.
En 2022, la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) analizó 14 máscaras de pestañas negras con efecto volumen que se venden en España y detectó la presencia de sustancias preocupantes en tres de ellas, entre ellas una máscara Deliplus, la marca blanca de Mercadona. En el caso concreto de la máscara “Maxi Volumen” de Deliplus, el estudio encontró trazas de níquel en una concentración de 6 partes por millón (ppm), un metal pesado que puede provocar sensibilización cutánea y desencadenar alergias en personas predispuestas. La OCU recordó que estas impurezas suelen proceder de pigmentos minerales y que, aunque la normativa obliga a que los productos cosméticos sean seguros, su presencia plantea dudas sobre los controles y exigencias que deberían aplicar las marcas y distribuidores.
Además del níquel, la investigación de la OCU puso el foco en otra sustancia que calificó como “probablemente cancerígena”: el formaldehído. Este compuesto se detectó en una máscara de otra marca, pero la advertencia es relevante para todo el sector, porque puede generarse por la combinación de determinados conservantes utilizados en cosmética y, según la propia organización, puede inducir problemas de sensibilización en la piel y está clasificado como probablemente cancerígeno. El mensaje de fondo es claro: que un cosmético esté “oftalmológicamente testado” o se venda en un gran supermercado no significa que siempre cumpla con las expectativas de seguridad que tienen las personas consumidoras.
Para la ciudadanía, el caso abre un debate incómodo: ¿por qué tienen que ser las organizaciones independientes quienes destapen estos riesgos y no las propias empresas? La OCU pidió que los productos señalados no se usaran a diario, y recomendó evitarlos en caso de alergias o sensibilidad, algo especialmente preocupante en un producto que se aplica tan cerca del ojo.
En una empresa con el tamaño y la influencia de Mercadona, que comercializa millones de unidades de cosmética de marca propia, la aparición de sustancias potencialmente peligrosas en un estudio independiente plantea preguntas sobre los controles que aplica la compañía y sobre el impacto multiplicador que podrían tener los fallos en esos controles. No se trata solo de un rímel concreto, sino de qué estándares se exigen a la hora de poner un producto en el lineal y de cuánta transparencia se ofrece cuando una investigación independiente detecta riesgos. Como consumidores, tenemos derecho a una información completa y comprensible sobre lo que nos estamos poniendo en la cara, y a que la salud vaya siempre por delante del beneficio.